16 diciembre 2010

BLAKE EDWARDS



BLAKE EDWARDS



Simplemente con dos de sus películas, "Desayuno con diamantes", con la mejor Audrey Hepburn que recuerdo... 



... o "Días de vino y rosas", la comedia amarga más brillante que se ha hecho sobre el alcoholismo, con los magistrales Jack Lemmon y Lee Remick... 


... al cineasta estadounidense BLAKE EDWARDS le bastaba para pasar a la historia del séptimo arte.





Esta tarde moría en Santa Mónica, California, como consecuencia de las complicaciones de una neumonía, uno (otro más, en esta mala racha de pérdidas en este año que ya acaba) de los últimos grandes maestros del cine de Hollywood.
Tenía 88 años y aunque, en su carrera de medio siglo con más de 70 películas, se le etiquetó principalmente como director de comedias, Blake Edwards se paseó con maestría por todos los géneros y muchas de sus películas se han convertido en verdaderos clásicos.


En nuestra memoria quedan títulos como la divertidísima "El Guateque", con un hierático Peter Sellers, la sensacional comedia musical "Víctor o Victoria", protagonizada por su segunda esposa, Julie Andrews (en una de las siete ocasiones en la que la dirigió)  o la inevitable "La pantera rosa"

         


El éxito de esta última fue tal, que marcó la carrera del director y al año siguiente ya estaba rodando una secuela, a la que seguirían muchas más, sobre todo cuando necesitaba dinero para otros proyectos...


Henry Mancini compuso la música de esta película, que fue uno de los éxitos de las treinta colaboraciones entre Blake Edwards y el compositor, y de las que salieron muchas de las mejores bandas sonoras de la historia, siendo sólo un ejemplo, la célebre canción 'Moon River' de "Desayuno con diamantes"…




En 2004 le dieron un Oscar honorífico, el que le habían estado negando durante cuarenta años.






Lorenzo López Carrillo
jueves, 16 diciembre 2010

08 diciembre 2010

JOHN LENNON, starting over...


JOHN LENNON



Tenía un talento rebelde y genial para la música, el cine y los libros, incluso para las originalísimas conferencias de prensa y las entrevistas, muchas de ellas inolvidables. 



Era un romántico que imaginó un mundo mejor y quiso darle una oportunidad a la Paz, de la que fue un invencible activista.




"Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, aunque la violencia se practica a plena luz del día" llegó a decir en una de sus célebres frases...



Cuesta trabajo imaginar a John Lennon con 70 años viviendo en este mundo tan radicalmente distinto del que soñó y ayudó a imaginar a millones de jóvenes: quizá se hubiera sumido en una enorme melancolía; y si viviera, probablemente seguiría teniendo las mismas ideas, pero seguro que no sería un mito...




Hace 30 años, la noche del 8 de diciembre de 1980, cinco disparos acababan con los cuarenta años de la vida del músico más carismático de los años sesenta. Pocas horas antes de ser asesinado, John Lennon fue fotografiado por última vez, desnudo y abrazado a su esposa, Yoko Ono. 


Así es la última imagen que se hizo del ex-Beatles con vida. La tomó Annie Leibovitz, para una portada de la revista "Rolling Stone" que daría, y sigue dando, la vuelta al mundo...

Lorenzo López Carrillo
miércoles, 8 diciembre 2010


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*Añadido el 8 de diciembre de 2011, en el 31 aniversario...
La última entrevista a John Lennon

La tarde del viernes 5 de diciembre de 1980, John Lennon habló con el redactor de ROLLING STONE Jonathan Cott, durante más de nueve horas en su apartamento del Upper West Side neoyorquino y en el estudio Record Plant. Tres noches después, Lennon sería asesinado cuando volvía a casa después de unas sesiones de grabación. 

            


Hoy se cumplen 31 años de tan inesperado desenlace.



Estaba previsto que la entrevista fuera el tema de portada del primer número de la revista en 1981, pero, tras el asesinato de Lennon, Cott prefirió escribir un obituario y utilizó muy poco material de sus conversaciones. 

El que sigue, es el el texto completo de la última gran entrevista de Lennon: la conversación alegre, escandalosamente feliz, inspiradora, valiente y subversiva que compartió con nosotros aquella noche, mientras se preparaba para regresar al primer plano de la actualidad tras cinco años de vida privada junto a Yoko Ono y su hijo pequeño, Sean.



“¡Bienvenido al sanctasanctórum!”, dijo John Lennon, saludándome con una animada y fingida "ceremoniosidad" en el precioso despacho que Yoko Ono tenía en su apartamento del Dakota. La fecha, el 5 de diciembre de 1980. Me senté en un sofá cerca de Yoko, y ella empezó a contarme cómo surgió la idea de su nuevo disco en colaboración, Double fantasy: la primavera anterior, John y su hijo Sean estuvieron tres semanas de vacaciones en las Bermudas mientras que Yoko se había quedado en casa “resolviendo unos asuntos”, según me dijo. Mientras estaban en Bermudas, John le telefoneó para contarle que había llevado a Sean al jardín botánico y que habían encontrado una flor llamada Double fantasy. “Es un tipo de fresa”, diría John después, “pero lo que significa para nosotros es que dos personas tienen la misma imagen en el mismo momento. Ese es el secreto”.





“Una noche estaba en un club de las Bermudas”, interrumpió John sentándose en el sofá, y Yoko a su vez se levantó para traer un poco de café. “En la planta de arriba, pinchaban disco, y en la de abajo, me pareció oír Rock Lobster, de B-52’s por primera vez. ¿La conoces? Suena a la música que hace Yoko, así que me dije, ‘¡Es el momento de desenterrar el viejo hacha y despertar a la mujer!”. Ella y John hablaban todos los días y se cantaban las canciones que cada uno había compuesto entre llamada y llamada.

“He oído”, le dije a John, “que tu guitarra ha estado colgada encima de la cama durante los últimos cinco o seis años y que sólo la has cogido últimamente para tocar en Double fantasy”.

“Me compré una preciosa guitarra eléctrica en la época en la que volví con Yoko y tuvimos al bebé”, dijo John. “No es una guitarra normal; no tiene cuerpo. Es sólo un mástil y algo parecido a un tubo, a un tobogán, y puedes alargar la parte de arriba para equilibrarla dependiendo de si estás sentado o de pie. La toqué un poco, y luego simplemente la colgué encima de la cama, pero solía mirarla de vez en cuando, porque la pobre nunca había participado en ninguna grabación profesional, nunca había sido tocada de verdad. No quería esconderla como alguien escondería un instrumento al que duele mirar –como cuando Artie Shaw pasó por aquello y no quiso volver a tocar el clarinete nunca más. El caso es que yo solía mirarla y pensar, ‘¿La bajaré de ahí alguna vez?”.

“A su lado, en la pared, coloqué el número nueve y una daga que Yoko me había regalado… una daga de la Guerra Civil americana hecha a partir de un cuchillo para cortar el pan, para cortar las malas vibraciones, para cortar simbólicamente con el pasado. Y hace poco que caí en la cuenta, ‘¡Por fin! Acabo de descubrir para qué compré esta guitarra,’ la descolgué y la utilicé para hacer Double fantasy”.


“He estado escuchando Double fantasy una y otra vez”, le dije, dispuesto a acosarle con otra pregunta. John me miró con una sonrisa de esas que paran el tiempo, y la entrevista. “¿Cómo estás?”, me preguntó. “Estas últimas semanas han sido como un reencuentro para nosotros. Hemos visto a Ethan Russell, que ha grabado un par de vídeos para dos de las nuevas canciones, y también a Annie Leibovitz. Ella hizo mi primera foto para una portada de Rolling Stone. Ha sido divertido volver a ver a todo el mundo a quienes conocíamos y volver a hacerlo otra vez. Todos estamos vivos. ¿Cuándo nos conocimos por primera vez?”.

“Yo os conocí a Yoko y a ti el 17 de septiembre de 1968”, dije, recordando el primero de muchos encuentros posteriores. Fui un tipo con suerte, en el lugar adecuado en el momento justo. John había decidido convertirse en una figura más “pública” y desmitificar su imagen como Beatle.



Él y Yoko, a quien John había conocido en noviembre de 1966, se estaban preparando para las protestas en cama por la paz de Amsterdam y Montreal, y pronto publicarían Two virgins, la primera de sus grabaciones experimentales con sus “ruidos, sonidos y aires” shakesperianos. La portada del disco –el célebre retrato frontal de ellos desnudos – honraría las páginas del especial primer aniversario de la edición americana de ROLLING STONE. John acababa de descubrir esta pobre revista musical de San Francisco y había accedido a concedernos la primera de las entrevistas de su nueva vida pública. Como editor europeo, me pidieron que visitara a John y a Yoko y que llevara conmigo a un fotógrafo (Ethan Russell, quien más tarde haría las fotos del libreto interior de Let it be). Así que, con nervios y excitación conocimos a John y a Yoko en su residencia temporal en Londres.


La primera impresión es generalmente la más acertada, y John fue elegante, encantador, exuberante, directo y juguetón; recuerdo darme cuenta de cómo escribía pequeños recordatorios para sí mismo de la misma forma absorta con la que un niño dibuja un sol. Tenía que irse media hora después a unas sesiones de grabación para el White álbum, así que habíamos acordado volver a encontrarnos al día siguiente para hacer la entrevista, pero John y Yoko nos invitaron a Ethan y a mí a asistir a las sesiones de aquel día, para grabar Birthday y Glass Onion en los estudios Abbey Road. (Recuerdo intentar convertirme en invisible detrás de unos altavoces gigantes para no molestar a los otros tres Beatles, ya visiblemente desconcertados).



Cada nuevo encuentro con John abría nuevas perspectivas. Una vez, en 1971, me encontré con John y Yoko en Nueva York. Una amiga y yo habíamos ido a ver la película "Conocimiento carnal", y después nos encontramos con los Lennon en el vestíbulo del cine. Iban acompañados por el activista social Jerry Rubin y un amigo suyo, y nos invitaron a ir al restaurante exótico Ratner en el East Village para tomar unos crepes de queso. Allí, un venerable hombre joven con pelo largo se acercó a nuestra mesa y sin decir una palabra le dio a John una tarjeta con un conciso dicho del yogi Meher Baba. Rubin dibujó una esvástica en la parte de atrás de la tarjeta, se levantó y se la devolvió al hombre. Cuando volvió a la mesa, John le regañó un poco, diciéndole que esa no era la forma de cambiar la conciencia de alguien. Aunque solía ser mordaz y escéptico, John Lennon nunca perdía su sentido de la compasión.


Casi diez años después, estaba hablando de nuevo con John, y él seguía teniendo la misma gracia e ingenio que cuando le conocí. “Creo que debería describir a los lectores lo que llevas puesto, John”, le dije. “Deja que te ayude”, se ofreció, y entonces entonó con ironía: “Puedes ver las gafas que llevo puestas. Son normales, de plástico, con montura azul. Nada parecido a aquellas famosas de metal que dejó de usar en 1973. Llevo unos pantalones de pana, las mismas botas negras de vaquero que me hice en Nudie’s en 1973, un jersey Calvin Klein y una camiseta de Mick Jagger rota que conseguí en la gira de los Stones en 1970, más o menos. Y alrededor del cuello un pequeño collar de diamante de tres piezas con forma de corazón que compré como regalo de reconciliación después de una pelea con Yoko hace muchos años y que más tarde ella me devolvió como una especie de ritual. ¿Vale así?”. Y siguió: “Pero sé que tu fecha de entrega del artículo es el lunes, así que ¡vamos a seguir con ello!”.




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* Añadido el 16 agosto de 2011




En 1969, la pareja celebraba así su luna de miel: en la suite presidencial del hotel Hilton de Amsterdam, donde la prensa internacional estuvo invitada todos los días, de nueve de la mañana a nueve de la noche, entre el 25 y el 31 de marzo.

Yoko ONO, que ahora tiene 78 años, dice en su web...

"Queridos amigos: en 1969 John y yo éramos tan ingenuos como para pensar que metiéndonos en una cama podíamos cambiar el mundo. Quizá lo hicimos, pero en aquel momento no éramos conscientes"...

Artista conceptual, la viuda de Lennon mantiene una activa presencia en Internet, donde contesta regularmente a entrevistas con los internautas. A ellos se ha dirigido con motivo de la reciente publicación (agosto de 2011) del documental "Bed Peace" en YouTube: "Filmarla fue una buena idea. Esa película ahora es potente. Lo que dijimos entonces podría decirse ahora. De hecho, hay cosas que dijimos en la película que pueden dar ánimos en inspiración a los activistas de hoy en día".

John y Yoko se encamarían en público por segunda vez en Montreal, con el mismo objetivo: pedir al mundo que le diera una oportunidad a la paz.

Ono se despide en la web con una arenga: 

"Suerte para todos. Recordemos que LA GUERRA HA TERMINADO si queremos que así sea. Depende de nosotros y de nadie más. A John le hubiera gustado decir eso. Con amor, Yoko".







13 noviembre 2010

Adiós, míster BERLANGA









ADIÓS, MÍSTER BERLANGA

     Este sábado de otoño se ha ido un hombre que inventó un género, una forma de entender la vida a través del cine, un arte en el que él era un genio de la espontaneidad y de la independencia.


      Cronista de fracasos, creador de un universo propio que ya por siempre será el "berlanguiano" como otra forma de hacer cine y mirar de otra manera, sus películas fueron cumbre del humor negro de nuestro país, un largo plano-secuencia en el que hizo el retrato de sus miserias cotidianas al tiempo que una feroz crítica a la burguesía, trazando un aguafuerte ácido y veraz, pero nunca moralista, de los peores defectos de la España de posguerra y demostrando un talento natural para burlar a los censores.


      Fue discutidor no agresivo, libertario que quería acabar como libertino, inconformista y burgués, y nunca le gustó ningún poder ni ningún gobierno. Amante de la improvisación en su obra, en la que reflejaba su carácter mediterráneo obsesionado por la sensualidad, Berlanga era misógino y enamoradísimo, y su fama de erotómano la traducía a un fetichismo que se dejaba ver en todas sus películas como otro retrato de los deseos sexuales más ocultos que habitan en nuestra mente.


De "Bienvenido Míster Marshall" a "Plácido", de "Los jueves, milagro" a "Calabuch", de "La vaquilla" a "París-Tombuctú", Berlanga era un poeta visual descarnado y radical pero que hablaba del absurdo de la vida con humor y piedad; siempre se refería a su cine como "la historia de un fracaso", porque siempre quiso hacer otra película distinta a la que le acababa saliendo. Pero de sus incuestionables obras maestras, "El Verdugo" era la preferida de su filmografía: una trama de humor negro con salsa de melancólica ternura en la que contó como co-guionista con Rafael Azcona, su alter ego creativo durante décadas.

Llevaba tres años alejado de la vida pública y ocho sin ponerse detrás de la cámara, pero hace un año, avanzada ya su enfermedad, Berlanga dijo sí a un proyecto para ser la cara de la campaña "Pastillas contra el dolor ajeno", de Médicos Sin Fronteras; y lo hizo abriendo las puertas de la intimidad de su casa, junto a la mujer que lo cuidaba y con la presencia de su nieto. Y así, con la mirada clara del hombre bueno, egoísta y sentimental, entre tierna y sabia, y por una buena causa, Berlanga miró por última vez a la cámara.

      Solitario y pesimista con la posteridad, tímido y retraído, extravagante al que le gustó pasar desapercibido, una de las últimas cosas que quiso hacer Luis García Berlanga  fue comerse un pincho de tortilla. 
El cineasta valenciano se ha muerto "de mayor" y tranquilamente, enfermo de Alzheimer, convertido en rey de un imperio, el suyo, aunque seguro que él hubiera preferido serlo del imperio "austro-húngaro"

Lorenzo López Carrillo 
sábado, 13 noviembre 2010


31 octubre 2010

ALBERTO OLIVERAS








ALBERTO OLIVERAS


      Al escuchar su nombre lo primero que recuerdo es su personalísima voz, cálida y sugerente, en aquella mítica serie de programas de viaje titulada ‘La aventura humana’ que realizó para TVE y que nos contaba la historia de aquellos españoles singulares, "santos, locos o piratas", que, por los más diversos motivos, habían buscado otros horizontes vitales en un país exótico del Tercer Mundo, al tiempo que daba a conocer la vida y cultura de esos pueblos; todo ello -además de la razón inconfesada de buscar ayuda y solidaridad- con el colorido, el gusto del encuadre y del ritmo de unos planos desprovistos de la visión turística de otros reporteros que captaba la cámara de Jon Inchaustegui.

   El que todavía permanece en mi recuerdo y más impacto me produjo fue aquel dedicado a un misionero español afincado en la India que luchaba por los más pobres y marginados; el entonces desconocido buen samaritano, que el formidable comunicador barcelonés nos descubría, tenía un nombre difícil de olvidar: Vicente Ferrer… Y tal fue la empatía que surgió entre reportero y entrevistado, que, años más tarde, Ferrer eligió a Oliveras como el autor que habría de contar su vida en un libro: 'Vicente Ferrer, la revolución silenciosa'.

   Este fabuloso contador de historias, de causas humanas y solidarias, que siempre ponía el acento en las injusticias del momento, era escritor, guionista, editor de revistas, promotor cultural y profesional nato de radio y televisión; todo lo que hacía el irrepetible Alberto Oliveras enganchaba a la audiencia con la magia y el encanto de su voz, su mirada azul y sus palabras…

   Hace unas horas se supo que este periodista humanitario y viajero, mi admirado Alberto Oliveras, murió 
ayer
* en París a los 80 años…

Lorenzo López Carrillo, *14 OCT 2010



24 octubre 2010

LEONARD BERNSTEIN, el gran comunicador

                       

       *Se cumplen 20 años de la muerte de mi admirado compositor y gran director de orquesta Leonard Bernstein y para conmemorar esta efeméride reproduzco aquí el artículo que escribí entonces y que me publicó el periódico EL DÍA, de Tenerife, el 24 de octubre de 1990...                                                            
Lorenzo López Carrillo, 14 OCT 2010



Leonard Bernstein, el gran comunicador


      El corazón de Leonard Bernstein ha dejado de sonar. Su pulso se detuvo en su apartamento de Manhattan, cuando la noche neoyorquina del domingo 14 de octubre se cernía sobre la Gran Manzana. Un paro cardíaco, provocado por una fuerte infección pulmonar, ponía fin a los 72 años de vida de este hombre juvenilmente visceral e impenitentemente vitalista.





      Apenas unos días antes, había anunciado su retirada como director de orquesta por problemas de salud y las palabras de despedida a su labor profesional se convertían al final en una trágica premonición y en un adiós definitivo.



      Ya en su último concierto, el pasado 19 de agosto, en el estado norteamericano de Massachusetts, donde nació en 1918, le faltaba al maestro su habitual energía desbordante. La fulgurante llama del apasionado y exuberante Bernstein, reconocida en su inconfundible manera de dirigir, por sus saltos, contorsiones y piruetas en el podio -del que, por cierto, se cayó varias veces- se estaba apagando.

Su vida se propagó como un incendio a múltiples facetas en su dedicación artística: pianista y director, pedagogo y compositor para teatro, cine…, ningún medio se le resistía a este anciano-niño prodigio y también desde la televisión supo llevar la música clásica a todos los hogares. La muerte de este genio norteamericano de la música es una lamentable pérdida no sólo para su país sino para el mundo entero.





UN JUDÍO ERRANTE

      Hijo de emigrantes judíos de origen ruso, Leonard Bernstein nació en Lawrence, en el estado norteamericano de Massachusetts. Su ascendencia y su fulminante ascensión desde su origen humilde no hicieron sino acrecentar la faceta mítica del músico convirtiéndole en un hijo del gran sueño americano.

El niño Leonard, con su madre Jennie y Samuel, su padre

      Pero Leonard había tenido una infancia difícil por su constitución débil y asmática, y por su carácter retraído en el ambiente familiar poco grato. El propio músico, siendo ya un artista reconocido, la recordaba así: “Me sentía terriblemente desgraciado antes de descubrir la música. Era un niño enfermizo y desdichado hasta que, repentinamente encontré mi mundo, me robustecí interiormente y cambió mi vida. El secreto es que había encontrado un universo en el que me sentía seguro: la música. Estaba protegido en su seno cuando me sumergía en ella sentado frente al piano”.


      Sus rápidos progresos en este instrumento se mostraban con una intuición musical extremada y un talento superior a lo normal, lo que hizo cambiar el poco apoyo que inicialmente su padre daba a sus estudios musicales y máxime al comprobar que la absoluta inclinación de Leonard por la Música no influía negativamente en su rendimiento escolar sino todo lo contrario, consiguiendo incluso ingresar en la Universidad de Harvard.



      Cuando Bernstein tenía tan sólo dieciséis años se produjo otro hecho decisivo para confirmarle que en su vocación el verdadero objetivo era la dirección de orquesta: se trataba de la retransmisión por radio de un concierto de la Orquesta Sinfónica de Boston dirigida por Serguei Koussevitzky interpretando “La Consagración de la Primavera” de Stravinsky, cuya audición le produjo una honda impresión.

Con el paso del tiempo, y siendo ya un excelente pianista, la nueva vocación de director de orquesta se afianzó debido a su contacto con las principales batutas -todas ellas europeas- de los centros musicales norteamericanos, como el propio Koussevitzky, Mitropoulos y Walter.



      Dimitri Mitropoulos orientó la carrera profesional de Bernstein cuando éste tenía veintiún años y el azar hizo que el joven Leonard, con tan sólo veinticinco años, sustituyera a Bruno Walter por enfermedad en la dirección de un concierto de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, convirtiéndose así en el primer norteamericano en dirigir una prestigiosa orquesta en Estados Unidos.

Desde entonces su carrera ha sido imparable y su batuta ha guiado las mejores orquestas del mundo con el más variado repertorio.



ALEGRÍA y PASIÓN POR LA MÚSICA

      Brillante en su actividad polifacética, Leonard Bernstein fue también un versátil compositor, escribiendo musicales para el teatro de Broadway, como “Candide”, bandas sonoras para películas con las que muchos de nosotros hemos crecido, como “West Side Story”, sinfonías como “Kaddish”, “Jeremías” y “La edad de la ansiedad”, pasando por música para ballets o para su “Misa” en memoria del asesinado John Fitzgerald Kennedy.

          Bernstein inspiró a varias generaciones de músicos y fue una figura única en la música de este siglo. Algunos detractores le acusaron de frivolidad en muchas de sus composiciones, a lo que Bernstein respondía agudamente: “Me siento profundamente orgulloso de mi música frívola; ya sé que puede resultar una comparación pedante, pero autores como Mozart, Haydn o Schubert escribieron música maravillosamente frívola (serenatas, divertimentos, canciones) y me siento sinceramente feliz al unirme a esa pandilla..., aunque ellos lo hacen mejor que yo, claro”.



En sus propias palabras, también llegó a decir: “Independientemente de mi labor como profesional, ante todo soy un fanático aficionado de la música“.























Como artista auténtico y como hombre que supo de la lucha y del dolor, Lenny -como le llamaban sus amigos- tenía un toque mágico y se entregaba totalmente a lo que hacía con verdadera pasión.

Premiado y condecorado, pero sobre todo admirado en todo el mundo, utilizó su don musical para defender los derechos de los marginados, entre ellos los enfermos de SIDA a quienes pensaba dedicar su último concierto el próximo día 28 de octubre. No pudo ser, pero queda con nosotros el recuerdo de sus composiciones, de sus actuaciones tan espectaculares y sus participaciones en actos decisivos por la libertad: Bernstein dirigió la 9ª Sinfonía de Beethoven en Berlín para celebrar la caída del Muro.
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La Orquesta y el Coro estaban formados por miembros de los conjuntos de Alemania oriental y occidental (la Staatskapelle de Dresde, el coro infantil de la Filarmónica de Dresde y el Coro de la Radio de Berlín), simbolizando la unificación y la paz. También participaron músicos de Estados Unidos (New York Philharmonic), Reino Unido (London Symphony Orchestra), Francia (Orquesta de París), y la Unión Soviética (Mariinsky Theatre), representando el legado de un Berlín dividido y celebrando su reunificación.

Después del concierto, Leonard Bernstein fue hasta el Muro de Berlín, con cincel y martillo, para contribuir personalmente al derribo con sus propias manos, como vemos en esta fotografía histórica...




      Gracias a la música, Lenny encontró el camino a la eternidad. Entre nosotros deja un vacío irremplazable en nuestra vida artística y espiritual; un vacío que de ahora en adelante sólo podrá llenar (y que sería de nosotros si así no fuese) la música de sus discos. Adiós Lenny, adiós maestro, y gracias...

Lorenzo López Carrillo
Publicado en la página de CULTURA
del periódico "EL DÍA", Tenerife, 24 OCT 1990
*hoy hace justo 20 años































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FOTOGALERÍA


















































Leonard Bernstein with members of the Ex-Concentration Camp Orchestra, May, 1948, Munich, Germany
© Credit Gift of Henny Durmashkin Gurko, Museum of Jewish Heritage, NY